22.12.11

Declaración del Bicentenario


Declaración
A doscientos años de la Revolución de Mayo
Argentina hacia la segunda y definitiva independencia

Esta declaración, suscripta por diversos protagonistas de la cultura, el arte, los movimientos sociales y políticos argentinos, fue presentada durante el encuentro artístico que la revista cultural La Marea realizó en la 33° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en 2007 y actualizada en 2010 al conmemorarse el Bicentenario de la Revolución de Mayo

Argentina nació de la lucha contra la dominación colonial española en el siglo XIX y actualmente debe seguir luchando junto a los países hermanos de América Latina y demás naciones y pueblos oprimidos contra la dominación imperialista y los intereses económicos locales a su servicio.
Los heroicos levantamientos de Tupac Amaru y Tupac Catari, el rechazo de las invasiones inglesas al Río de la Plata, las insurrecciones de Chuquisaca y La Paz –entre los hitos más destacados de la lucha anticolonial en el sur del continente– llevarían a la Revolución de Mayo de 1810 y a la guerra de la Independencia, como parte de la primera revolución liberadora de América Latina. Este proceso logró la destrucción de la dominación colonial en lo que hoy es la Argentina con un hito fundamental, la declaración de nuestra independencia en 1816.
El preciado triunfo, alcanzado en 1824 con la derrota de las últimas tropas enemigas en Junín y Ayacucho por los ejércitos patrios reunidos bajo la dirección de Bolívar, fue mérito de la lucha común y la unidad antiespañola lograda por los patriotas y dirigentes revolucionarios –en nuestro caso, Moreno, Castelli, Belgrano, San Martín, Artigas, entre otros– junto a los pueblos aborígenes, negros y criollos. Para completar y profundizar ese triunfo, debería haberse logrado un cambio revolucionario en lo económico y social. Sin embargo, derrotada la posición revolucionaria y controlados los sectores populares, el proceso de independencia quedó inconcluso. La elite terrateniente y de comerciantes intermediarios privilegió sus intereses agropecuarios y mercantiles (exportadores e importadores), impuso un creciente vínculo comercial y fi nanciero con el joven capitalismo británico, profundizó el desarrollo desigual de Buenos Aires respecto del resto de las provincias, y acrecentó las diferencias sociales y la explotación en todo el país.
Desde mediados del siglo XIX, al perpetuarse en el poder, esa oligarquía criolla aliada a los capitales europeos, marchó con la hegemonía de los terratenientes y comerciantes bonaerense a consolidar su dominio estatal a través de las guerras genocidas contra las provincias rebeldes, contra el Paraguay independiente, contra los pueblos originarios del sur y del Chaco. Este Estado oligárquico garantizó la nueva dominación sumiéndonos en una nueva dependencia. Así, la unifi cación impuesta signifi có la exclusión social de los sectores oprimidos y la licuación de sus particularidades identitarias.
Iniciado el siglo XX, al conmemorarse el centenario de la Revolución de Mayo, la oligarquía terrateniente festejó la consolidación del estado nacional oligárquico y pro-imperialista. Una fachada de opulencia y “democracia” enmascaraba el fraude electoral, la corrupción, los bajos salarios, la falta de vivienda y educación en una Argentina “granero del mundo”, próspera para unos pocos, donde regían el Estado de Sitio y las leyes antipopulares de Residencia y de Defensa Social. Esa prosperidad económica basada en las exportaciones agropecuarias –que muy pronto encontraría su límite– suponía el ahogo de cualquier expresión cultural de rebeldía y oposición que denunciara las reales condiciones sociales existentes, y sólo daba cabida a las odas festivas al estilo de Leopoldo Lugones. Se nos impuso un modelo cultural y una identidad dependientes, acordes con los intereses dominantes, que estigmatizó al originario, al gaucho, al negro y al inmigrante. Un modelo que buscó avergonzarnos de nuestros orígenes, de nuestras culturas, de nuestras propias capacidades, llegando a naturalizar la idea de que no tenemos historia ni identidad propias.
En el presente bicentenario de la Revolución de Mayo, se ponen nuevamente en debate sus alcances y su nexo con la actualidad de la Argentina y el contexto internacional. Para algunos, se trata de un hecho histórico para ser recordado, pero sin vincularlo con nuestro presente y perspectivas. Para otros, una oportunidad de reescribir la historia para convalidar las condiciones actuales.
El actual gobierno, hace un par de años aprestaba los preparativos con los que pretendía emular los festejos fastuosos del Centenario. Apostaba a generar un clima de entusiasmo por el superávit económico que borrara los efectos de la crisis política, económica y social de 2001, revitalizando la inserción mundial de Argentina como país agro-petrolerominero exportador para asegurar mayores inversiones extranjeras imperialistas. En este momento, cuando una gigantesca crisis sacude al mundo, los sectores que dominan la economía y el poder se disputan negocios y benefi cios. El gobierno apela a un discurso “nacional y popular” pero practica una política que descarga la crisis sobre el pueblo y la nación, favoreciendo la extranjerización y concentración económica, justifi cando el pago de una deuda ilegítima, usuraria y fraudulenta.
En nuestra Argentina dependiente, oprimida y disputada por varias potencias imperialistas –en la que el imperialismo inglés convalida la usurpación colonialista de Malvinas con nuevos avasallamientos sobre nuestros mares e islas– se profundiza el hambre y la miseria de amplias mayorías. En un tiempo en que se agudizan las contradicciones interimperialistas, en la que crece la lucha de los pueblos por su liberación, muy especialmente los pueblos de América latina, ¿qué se recupera del pasado, en virtud de qué presente y para construir qué futuro? ¿Quién escribe la historia desde este presente y para qué?
En los últimos cien años, el pueblo argentino ha protagonizado gestas fundamentales en el camino de su liberación: desde la Semana Roja de 1909, el Grito de Alcorta en 1912, las revoluciones radicales, la Reforma Universitaria, la Semana de Enero de 1919, la Patagonia Rebelde, las huelgas de la construcción en 1936, el 17 de Octubre de 1945, la movilización contra la Universidad “Libre” bajo Frondizi, el Cordobazo, las luchas contra las dictaduras militares y por la soberanía en Malvinas, hasta las puebladas de los ’90 que se rebelaron contra el hambre de los “ajustes” económicos y la entrega de Menem y De la Rúa, venciendo el escepticismo y derrotismo predicado por los ideólogos “globalizadores”. Estas puebladas abrieron paso al Argentinazo de 2001 que enfrentó al Estado de Sitio, derrocó al gobierno e impuso la consigna “que se vayan todos”. Esta rebelión popular logró la suspensión temporaria de los pagos de la deuda externa (default) que signifi có un alivio para las necesidades populares. Todos hechos que demuestran los profundos sentimientos patrióticos y democráticos de nuestro pueblo.
Estas viejas y nuevas formas de protagonismo popular son acompañadas hoy de una gran avidez por conocer las tramas ocultas de la historia y la política. Somos producto de doscientos años de luchas con derrotas y triunfos, logros y frustraciones en los que nuestra cultura se fue desarrollando. La ciencia, la literatura, las artes –de creadores anónimos y reconocidos– se aquilatan con los aportes de todos los afl uentes populares y constituyen su principal nutriente y sostén.
Las clases dominantes intentan aplacar y desviar esa fuerza popular que busca desatar los lazos de la dependencia. Para ello utilizan nuevamente el argumento saavedrista de que “las brevas no están maduras”, la posición alvearista de buscar “protectorados”, o la política rivadaviana para que “al cambiar, no cambie nada”. Sin embargo, nuestro pueblo no ha resignado la búsqueda de las verdaderas transformaciones políticas y económicas que eliminen de raíz los males que lo empobrecen. Así lo demuestran las grandes luchas obreras, de los campesinos pobres, chacareros, de pueblos originarios, las agrarias, las federales, las ambientalistas y las que han protagonizado amplios sectores populares en este último período.
Los argentinos queremos recobrar los resortes claves de nuestra economía y de la política. Y en cada una de las batallas que libramos en este camino debemos rescatar el espíritu de Mayo y evitar que sea nuevamente desviado de su objetivo. Recuperar la verdadera historia implica que el debate y el balance estén en manos del pueblo, para concretar lo que hasta ahora no se hizo: ser duros con los extranjeros que vienen –como señalaba Moreno– “a comprar por cuatro para luego vender a ocho”. Y, recordando con San Martín que “para los hombres de coraje se han hecho las empresas”, hacer realidad el lema artiguista de que los “más infelices sean los más privilegiados”. 

Convocamos a unirnos y organizar actividades en defensa de las condiciones
que hacen al sustento y desarrollo de nuestra cultura e identidad:

• Contra todo intento de destruir o desvirtuar la cultura nacional y popular.
• Suspensión, investigación y no pago de la deuda ilegítima, usuraria y fraudulenta.
• Por mayor presupuesto a Educación, Salud y Cultura.
• Plena soberanía nacional sobre Malvinas, islas y aguas del Atlántico Sur.
• Juicio y castigo a los responsables de secuestros y desapariciones: contra la impunidad de ayer y de hoy.
• Fomento e intercambio en todas las áreas de la producción artística, cultural y técnica.
• Por la recuperación y nacionalización de nuestro patrimonio cultural.
• Por la recuperación de nuestras fuentes de recursos naturales, control de la extracción y exportación minera.
• Por la recuperación y generación de fuentes de trabajo genuino.
• Por la nacionalización y estatización de las empresas estratégicas para el desarrollo y la seguridad nacional (comunicaciones, petróleo, transporte, energía, etc.).
• Por el respeto y desarrollo de las culturas aborígenes, contra su discriminación y por el derecho a la propiedad de la tierra.
• Por vivienda y tierra a las familias más necesitadas.
• Difusión y fomento de las producciones culturales populares, en especial las históricamente discriminadas
• Por una regulación anti-monopólica de los medios de comunicación y las industrias culturales.
• Por la preservación del patrimonio arquitectónico y los monumentos nacionales.
• Por la sanción de leyes propuestas o consensuadas por los trabajadores de la cultura, de todas las disciplinas, que respondan a las necesidades actuales.
• En apoyo a las luchas en defensa de la educación y la salud, públicas y gratuitas.
• En apoyo a las reivindicaciones de los trabajadores de la cultura de todo el país.
• En apoyo a la lucha de los pueblos de América latina por su soberanía y la unidad latinoamericana.

Adhesiones y contacto: bicentenariomayo@yahoo.com.ar
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18.3.10

Bicentenario de la Revolución de Mayo: ¿Para qué conmemorar?

Por Cristina Mateu

La Patria es un amor en el umbral…
Leopoldo Marechal, de Poemas Australes, 1938.

En el 2010, año del bicentenario de la Revolución de Mayo, todo hecho político, cultural y social se hará en su nombre. Puede resultar un simple rótulo, una mera referencia temporal, “un saludo a la bandera” tras el cual se difundan las mayores tergiversaciones sobre nuestra historia licuando la importancia que hoy tiene. Solo se evitará que sea una fantochada si discutimos de verdad qué y para qué conmemoramos.

Qué conmemorar implica tener presente que este acontecimiento histórico cambió el destino de nuestro país y de gran parte de la América del Sur logrando la independencia del colonialismo español en una guerra que se prolongó más de catorce años, consagrando una vocación de libertad manifiesta ya en la rebelión de Tupac Amaru y en la insurgencia de La Paz acaudillada por Pedro Murillo.

En el proceso abierto en Mayo de 1810 se enfrentaron dos proyectos políticos entre las fuerzas antiespañolas. El más avanzado pretendía transformar los sucesos anticoloniales en curso, en condiciones favorables para una reforma social profunda cuyo horizonte era el desarrollo de la industria, la educación, la navegación, la agricultura, la eliminación del trabajo servil, la limitación del latifundio. El otro expresaba los intereses de la aristocracia tendero pastoril y de los comerciantes intermediarios, para quienes el objetivo se limitaba a garantizar el libre comercio, la ampliación del latifundio y de las exportaciones ganaderas.

El proyecto revolucionario ¬–encabezado por Moreno, continuado por Artigas en la Banda Oriental y por Gaspar de Francia en el Paraguay– fue derrotado. Así, gran parte de sus propuestas democrático-sociales quedaron inconclusas y las reivindicaciones nacionales fueron mancilladas por los terratenientes ganaderos que resignaron nuestros intereses nacionales por su asociación creciente con las potencias extranjeras.

El 2010 puede resultar una oportunidad histórica para recordar ese pasado revolucionario, poniendo a foco sus logros y sus límites, para saber qué cambiar de nuestro presente y cómo proyectar un futuro para todos sin que prevalezcan los intereses mezquinos y especulativos de las clases privilegiadas. Sincerar un debate crítico que permita reponer los ejes centrales de la gesta revolucionaria abierta en Mayo de 1810: la lucha contra la dominación extranjera, la reivindicación de la soberanía popular y las necesarias reformas democráticas y sociales sin las cuales no se alcanza una verdadera independencia nacional. De tal modo, llegar a entender y solucionar los males más graves que nos aquejan y sufrimos en el presente: la dependencia, la desigualdad social, la crisis productiva, social y cultural.

En los últimos tiempos se fueron perfilando distintas posiciones históricas y políticas respecto a la Revolución de Mayo que, cuando enuncian “qué conmemorar”, dejan entrever cuál es el objetivo de esa conmemoración.

La línea oficial

Por un lado el gobierno, y especialmente la Presidenta, gusta rememorar en los discursos frases de Mariano Moreno, mientras olvida la gesta revolucionaria de independencia. Y es continua la referencia al Centenario y la comparación entre 1910 y 2010. ¿Por qué conmemorar el Centenario y no la Revolución de Mayo de 1810? ¿Por qué aislar a Mariano Moreno de la revolución anticolonial y del Plan Revolucionario de Operaciones?

Los preparativos oficiales que comenzaron hace un par de años pretendían emular los festejos fastuosos del Centenario. Se apostaba a generar un clima de entusiasmo por el superávit económico, borrando los efectos de la crisis política, económica y social de 2001, convocando a la oposición a los Acuerdos del Bicentenario en pos de garantizar la gobernabilidad, la inserción mundial de Argentina como país agro-petrolero-minero exportador, y asegurar mayores inversiones extranjeras imperialistas.

La realidad se ocupa de empañar las expectativas oficiales: la crisis mundial pone en jaque las exportaciones argentinas, bajando los precios y la demanda de las materias primas exportables y las inversiones. La disputa entre los diferentes sectores económicos y políticos anuló cualquier acuerdo y reparto de beneficios. Las dificultades sociales y económicas de las grandes mayorías incitan a la rebelión y no a la “gobernabilidad”. Los discursos que anuncian las mejoras, promesas y grandes ideales, o los beneficios sociales a cuenta gotas, no resuelven la caída de los salarios, la desocupación, la falta de vivienda, educación, salud, ni los problemas inflacionarios que se agudizan. Disminuido el presupuesto para los festejos del Bicentenario, sin el brillo ni el encandilamiento que prometían las refacciones y mejoras en los edificios históricos y monumentos públicos anunciados, será difícil ocultar los problemas estructurales y políticos.

Sin reconocer y combatir la dependencia y la desigualdad social resulta una impostura recordar a Mariano Moreno, quien decía que “es necesario destruir los abusos de la administración, desplegar una actividad que hasta hoy no se ha conocido, promover el remedio de los males que afligen al Estado, excitar y dirigir el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus enemigos y dar nueva vida a las provincias. Si el gobierno huye del trabajo; si sigue las huellas de sus predecesores, conservando la alianza con la corrupción y el desorden, hará traición a las justas esperanzas del pueblo y llegará a ser indigno de los altos destinos que se han encomendado en sus manos”.

En 2010, como explica Claudio Spiguel “el conocimiento de la historia de nuestra independencia es requerido y urgente. Es que somos un país dependiente, con nuevas formas de dominación extranjera que pesan sobre nosotros –distintas de aquella contra las que se alzaron los patriotas de Mayo– pero igualmente opresivas y gravosas para nuestro pueblo y nuestras perspectivas. En este debate ponemos sobre la mesa algo que suele omitirse en los discursos celebratorios o historiográficos: vivimos hoy en un país dependiente y los rasgos de esa dependencia contemporánea se han profundizado hasta el hueso, particularmente en los últimos treinta años, con saltos cualitativos sucesivos desde el golpe del 76 o las políticas de los años 90 y posteriores, cuyos efectos condicionan poderosamente la actualidad más inmediata”. (1)

Entonces, si ponemos a foco el eje de la dependencia y la desigualdad social: “qué se conmemora” y “para qué” cambian de sentido.

Otras líneas dominantes

Por su parte, algunos sectores de la oposición reivindican la gesta desde la unidad política, o la “unidad nacional”, como sostuvo Gabriela Michetti luego de las elecciones de 2009. Esta concepción idealiza el proceso de independencia abierto con la Revolución de Mayo como “unidad irrestricta”, omitiendo decir quién dirigió el proceso y quién dirige el actual. Gran parte del fracaso del proyecto revolucionario de Mayo se produjo cuando los intereses ganadero-portuarios hegemonizaron y dirigieron nuestros primeros pasos de nación independiente anteponiendo los intereses portuarios al del resto de las provincias y al del conjunto del país en construcción. Por lo cual, no da lo mismo que la unidad la dirijan las clases dominantes o el pueblo.

La versión de la nueva historia oficial, que domina los altos estudios académicos, niega el carácter revolucionario de la gesta de 1810, diluye las diferencias económico-sociales y políticas en pugna. Sus seguidores alegan que el proceso fue producto de la desintegración de la monarquía española por la invasión napoleónica. Consideran que la nación fue una construcción de fines del Siglo XIX con el triunfo de la oligarquía terrateniente y la consolidación del estado nacional, y todo el proceso anterior sólo “leyenda”. Así, niegan la voluntad de independencia de los americanos (indios, negros y criollos), niegan la identidad nacional gestada antes y durante la guerra de independencia. Consideran que la nación Argentina y los atributos de la nacionalidad fueron creados por la oligarquía, obviando que ésta es la clase que más traicionó a la patria al subordinarla a los intereses del imperialismo inglés y arrastrarla a la dependencia económica. Tanto niegan la participación popular en la guerra de independencia, como no admiten en el presente que los “profanos” puedan opinar y extraer conclusiones sobre el balance histórico de Mayo y sus consecuencias actuales.

Las versiones políticas y académicas de la derecha más tradicional mantienen su visión de los grandes hombres para el bronce. Europeístas y oligárquicas, se lamentan cuando la verdadera historia quita el lustre y desnuda sus intereses y complicidad con los imperialismos, poniendo en jaque sus teorías sobre la nación “blanca”, las “ventajas” comparativas para la inserción de la Argentina como proveedora de materias primas del mercado mundial, o sus teorías que justifican el latifundio, el progreso o derrame económico (solo al alcance de las clases dominantes), las políticas genocidas, autoritarias y fraudulentas de los gobiernos conservadores y militares. Conmemorar así sería recuperar esa historia fatua.

Una línea popular

Una visión popular obliga a retomar y ampliar el cauce revolucionario, truncado por el poder de los sectores terratenientes y comerciantes exportadores, para hacer verdadero honor a aquel hito revolucionario reponiendo su sentido independentista, retomando las tareas democráticos-sociales inconclusas, y garantizando el protagonismo y las necesidades de las grandes mayorías populares.

De este modo, la forma de conmemorar no sería dilapidando recursos en obras fastuosas para encandilar a los inversores extranjeros, engañando a propios y ajenos para ocultar sus miserias, sino recuperando los más de diez millones de hectáreas en manos extranjeras para ponerlos al servicio y la producción de quienes los trabajen –con la reivindicación objetiva, no meramente simbólica, de los pueblos originarios–, mediante la nacionalización con control popular de los servicios y recursos nacionales. Con el aumento del presupuesto para educación, salud, vivienda, arte y cultura al servicio de las necesidades populares. Con la cancelación de la deuda ilegítima y fraudulenta, derivando los fondos a la inversión industrial y productiva, gravando al capital improductivo y rebajando el Impuesto al Valor Agregado, y tantas otras medidas que pongan en marcha un proyecto ya perfilado por Mariano Moreno y que aún está por realizarse, para garantizar una segunda y definitiva independencia.

1. Spiguel, Claudio. “De la Independencia a la dependencia”. En Argentina en el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Historia y Perspectivas. En prensa.

La mujer en las luchas de liberación

Las primeras revoluciones en América del Sur
Del primer grito libertario en Chuquisaca a la nueva constitución de Bolivia

Por María Edit Oviedo y Berta Wexler
(N° 33)

La dominación colonial en la última mitad del siglo XVIII y las dos primeras décadas del siglo XIX abrió un proceso que desembocó en luchas por la independencia en la mayoría de las regiones en que la corona española ejercía su poder. Ésta resolvió aplicar la llamadas “reformas borbónicas” y tomó medidas políticas de mayor centralización para el control administrativo; en lo económico reactivación de la minería, mayor libertad de comercio, elevación de impuestos comerciales y creación de aduanas. Estas medidas alimentaron la disconformidad de los habitantes y estallaron los conflictos sociales y políticos latentes a lo largo de toda la historia colonial.

La crisis económica y las medidas que intentaron racionalizar los cargos públicos afectaron a los sectores criollos que se vieron imposibilitados en acceder a los cargos públicos, a los mestizos por el aumento de impuestos y a los indígenas por la aplicación del reparto forzoso de mercaderías y por la explotación cada vez más generalizada.

La situación tan conflictiva en el sur del continente americano desembocó en los grandes alzamientos de fines del siglo XVIII, como lo fueran el de Tupac Amaru (José Gabriel Condorcanqui) y su mujer Micaela Bastidas en todo el Valle de Tinta, quienes a la cabeza de miles de hombres y mujeres indígenas sublevaron la región andina desembocando en un gran conflicto social contra el orden establecido en 1780-1782. Desde el Perú se extendió a la zona de la Audiencia de Charcas, donde Tupac Katari (Julián Apaza) cercó la ciudad de La Paz por varios meses participando, entre miles de hombres y mujeres, sus hermanos Nicolás y Dámaso, al igual que Bartolina Sisa y Teresa Quispe. Las sublevaciones indígenas tuvieron connotaciones amplias y profundas, y a pesar de haber sido derrocadas por los españoles significaron el desmoronamiento del poder colonial. A pesar de la brutal represión a que fueron sometidos estos levantamientos, el espíritu rebelde siguió latente en todos los sectores de la población americana:

“…Libelos, leyendas, pintadas en los muros se convierten en cosa más o menos común; algunos son burlones o risueños, pero los hay quejosos y amenazantes; también lúcidos alegatos a favor de la independencia”(1)

Se iniciaba el camino hacia el derrumbe colonial en América, sin embargo las contradicciones estaban a flor de piel en la región andina ya que había indios ricos (curacas y originarios) beneficiados por España, y por otro lado los más pobres explotados en las minas, los obrajes y tareas varias. La rebelión trajo enfrentamiento de intereses en toda la región andina y algunos, si bien se enrolaron con los ejércitos patriotas, otros favorecidos por los godos lo hicieron con los españoles, de ahí la complejidad del tema.(2)

“…Estas convulsiones tuvieron lugar después de cuatro años de creado el virreinato de Buenos Aires al cual fueron incorporadas las provincias de Charcas. Sin embargo a los efectos prácticos, continuaba la sujeción a los virreyes peruanos en razón de la mayor proximidad a Lima, e carácter homogéneo de la población indígena de ambos segmentos coloniales y a los estrechos vínculos económicos que prevalecían en toda la zona.(3)

En 1806 se produjo en el Río de la Plata la 1ª Invasión Inglesa y prontamente los habitantes de Buenos Aires reconquistaron la ciudad el 12 de agosto con la alegría de haber derrotado “a los ingleses con su propio esfuerzo”, (4) situación que se repitió en 1807 cuando los porteños organizaron la Defensa y expulsaron victoriosos la 2ª Invasión. El pueblo movilizado, hombres y mujeres de todos los sectores sociales y edades, se enfrentaron con éxito a una gran potencia extranjera bajo el lema “no a otro amo”.

Primeras revoluciones

La invasión napoleónica a la península ibérica en 1808, con el Rey Fernando VII preso en Bayona, provocó resistencia en España y la formación de de Juntas de Gobierno opuestas a la ocupación francesa. Muchas de estas juntas ostentaban el carácter de “Suprema”, pero la de Sevilla comenzó a enviar agentes para buscar el reconocimiento en América. A la llegada de José Manuel Goyeneche pidiendo obediencia a esa Junta los oidores y el fiscal rechazaron el pedido ya que en España había numerosas juntas. El emisario traía los pliegos de Carlota Joaquina de Borbón (hermana de Fernando y consorte del príncipe regente de Brasil) quien pretendía el trono para reemplazar a su hermano. El presidente de la Audiencia y el arzobispo dieron apoyo a la doble misión de Goyeneche de reconocimiento a la Junta y las proposiciones de Carlota.

En La Plata (también Chuquisaca, hoy Sucre) en la Audiencia de Charcas, el 25 de mayo de 1809 los criollos postergados política y económicamente se conmocionaron cuando se enteraron de la maniobra para entregarlos a los portugueses. El pueblo se amotinó frente a las residencias del presidente y el arzobispo pidiéndoles su renuncia mientras se apoderaron de la sala de armas y artillería que estaba al servicio de la presidencia. Pizarro fue hecho prisionero y obligado a renunciar:

“A los gritos de viva el rey, o mueran los traidores, una inmensa cantidad de gente se agolpó en la plaza…allí entre los ruidos de los tiros y sones de campana, se llevó a cabo la revolución. …El movimiento de Charcas es el comienzo de la lucha por la emancipación de los territorios altoperuanos”. (5)

Por eso se dice que la cuna de la revolución en América del Sur fue Bolivia y el movimiento que duró hasta el 25 de diciembre del mismo año fue “claramente independentista”, (6) destacándose un número importante de mujeres después reconocidas por los patriotas como ilustres participantes del proceso.

El movimiento se irradió hacia otras localidades. Fue en La Paz donde el 16 de julio se produjo el 2º alzamiento y se formó una Junta Tuitiva que duró en el gobierno seis meses. En estas dos insurrecciones participaron numerosas mujeres y fueron brutalmente reprimidas al igual que los hombres. Una extensa nómina de mujeres de todos los sectores sociales acompañó la revuelta entre más destacadas se encuentra Vicenta Eguino, declarada heroína de la revolución y líder de las jornadas de julio, junto a numerosas mujeres.(7)

En todos los puntos del territorio altoperuano siguieron los levantamientos contra orden establecido, al igual que en el Río de la Plata, la Revolución del 25 de Mayo de 1810.

Las mujeres a lo largo del tiempo

El proceso revolucionario en el Alto Perú se inició con los encarnizados combates contra los españoles en todas las regiones suburbanas de La Paz a la cabeza de Tupac Katari y su mujer Bartolina Sisa, quienes fueron derrotados por los españoles armados y sin embargo la rebelión contra la opresión fue lo que marcó el camino.

En 1809 “gentes de ambos sexos” (8) estuvieron al frente de los ejércitos populares que allí se formaron. Fueron largos años donde lucharon los guerrilleros de cada región para enfrentar a los poderosos ejércitos españoles.

En Cochabamba en 1812 salieron las mujeres a combatir, porque no había hombres en las colinas del cerro San Sebastián y fueron muertas todas por orden de Goyeneche. Ellas fueron declaradas “Heroínas de la Coronilla”.

Destacado papel jugó la heroína Juana Azurduy de Padilla que llegó a ser en 1816, nombrada Teniente Coronel del Ejército de los Decididos del Perú por el gobierno del Río de la Plata, porque arrebató una bandera enemiga.(9)

Librada la gran batalla independentista generales como Sucre y Bolívar lograron la independencia, el 6 de agosto de 1825 con la instauración de la República de Bolívar, en homenaje a su Libertador (nombre que luego se cambió por Bolivia).

Numerosas mujeres participaron de las luchas a lo largo del proceso sin embargo a la hora de conformar los distintos gobiernos ellas fueron las primeras ausentes durante el siglo XIX y posteriormente en el XX.

Indígenas y mestizos son la parte mayoritaria de la población de la República de Bolivia, que se caracteriza por ser uno de los países con más importante diversidad étnica y cultural.

En el siglo XXI, la llegada al poder del primer presidente indígena en América Latina, Evo Morales Ayma, posibilitó en el país la redacción de una nueva constitución política del Estado, tras décadas de luchas en que mujeres y hombres reclamaban cambiar el modelo colonial del Estado Boliviano. Desde la constitución redactada en noviembre de 1826, la presencia de la mayoría indígena estuvo negada.

Esta Asamblea Constituyente –Agosto 2006 a Diciembre 2007- fue la primera que reconoció la importancia de la presencia indígena en el país. El proceso estuvo teñido de múltiples conflictos generados entre los partidos políticos tradicionales, especialmente los opositores al gobierno que hicieron dificultoso, el desarrollo de la Asamblea Constituyente, la aprobación del contenido de los artículos y por último la negociación para someterse a un plebiscito que finalmente fue afirmativo a principios del año 2009 para que se apruebe la Nueva Constitución Política del Estado Boliviano.

Las mujeres en el proceso constituyente de Bolivia

Por lo interesante del caso para América Latina, y para el debate entre las organizaciones de mujeres y los ámbitos académicos que estudian el género, presentamos el video “Voces y andares”,(10) investigación realizada por Colectivo Cabildeo, fundación que trabaja con mujeres en La Paz bajo la Dirección de Raquel Romero. Numerosos fueron los debates y las propuestas para formular una visión de país diferente.

El proceso de dominación especialmente se vio reflejado en la situación de injusticia social que según los informes oficiales 6 de cada 10 mujeres se encuentran en situación de pobreza, desde hace mucho tiempo. La dominación trajo consigo más de 500 años de sometimiento y discriminación contra las mujeres indígenas, en una sociedad patriarcal, de carácter racista.

Algunos de las cuestiones que aborda el Video son el acceso y la titulación de la tierra, autonomías, la defensa de los derechos de las mujeres.

Ellas plantean la equidad social y de género, y que se garanticen los derechos civiles y políticos de las mujeres en igualdad de condiciones con los varones, para que bolivianos y bolivianas tengan los mismos derechos.

Hablan de la discriminación sexual, étnica y de género y del derecho a vivir sin violencia y con dignidad. La necesidad de recibir educación con equidad de género sin diferencia de roles ni violencia.

Otras voces piden por el derecho a asistencia y protección del Estado durante el embarazo y después del parto para una maternidad segura, porque la salud es uno de los grandes problemas que tienen.

Las mujeres campesinas e indígenas que siempre han sufrido innumerables trabas que tienen que ver con la discriminación étnica a la hora de llegada a los centros de salud.

La discriminación étnica estuvo vinculada al proceso de dominación donde la persona de origen blanco siempre ocupó lugares dentro del Estado y por lo tanto ejerció el poder de forma indiscriminada, por eso las mujeres de los sectores marginales, casi siempre indígenas y campesinas, lo sufrieron de manera muy marcada.

Hoy la sociedad puede ver en los Ministerios y organismos del Estado mujeres “de pollera” que tienen roles de dirigencia, como reivindicación histórica. Por eso se pide la protección y respeto a la identidad étnica, de género y generacional de las niñas, niños y adolescentes, junto a la protección de la familia.

Queremos destacar como muy significativas las palabras de un reciente estudio realizado por Colectivo Cabildeo que planteó: “El conocimiento, la recuperación de los saberes y nuevas perspectivas que emergen desde las mujeres indígenas, son una respuesta crítica ante la colonización y creemos que son expresiones descolonizadoras. Pensar de otra manera y recuperar lo que nunca ha sido un conocimiento hoy como una reivindicación es un avance descolonizador.

Definitivamente nos encontramos entre dos épocas y esto significa entre dos momentos de profundas crisis, que nos mezclan y entretejen, lo neoliberal con lo descolonizador, y nuestra vista se nubla frente a un contexto confuso pero transformador”. (11)

En todo este proceso uno de los elementos más interesantes fue la construcción de diálogos interculturales entre mujeres de diferentes clases y etnias. Las mujeres en el camino de las deliberaciones hicieron un nuevo aprendizaje, en sus actitudes, en sus habilidades, en su capacidad de diálogo y sobre todo en sus luchas. Esto hizo que las mujeres comprendan que los derechos no son inamovibles sino dinámicos, que se tejen todos los días en la construcción de una Bolivia con mayor justicia social para los desplazados y sobre todo para las mujeres.(12)

Uno de los temas más fuertes que permanece en la sociedad es el tema del racismo por eso llega a ser tan importante la declaración de hombres y mujeres con el poder originario del pueblo.

El racismo está vinculado al tema del colonialismo como forma de dominación y atenta a los más elementales derechos humanos y es según Silvia Rivera (13): “…dominación sustentada en la violencia física y la colonización de las almas…”.

Al hablar de colonialismo nos aparece el tema de la dominación patriarcal. La sociedad patriarcal subordinó a las mujeres de todos los sectores sociales, sin embargo la condición de ser mujeres indígenas y mestizas lo han sufrido con mayor fuerza por la explotación y discriminación. De ahí que la descolonización como parte del debate en la Asamblea Constituyente nos lleva al planteo de la despatriarcalización, al entendimiento y la tolerancia, para terminar con situaciones de subordinación: “…en el modelo de orden social patriarcal, vertical y autónomo, del cual eran portadores los conquistadores ibéricos; todo varón era, por definición, superior a toda mujer…”.(14)

Las argumentaciones tan importantes puestas en estas circunstancias darán o no legitimidad de la nueva norma cuando sea real su cumplimiento.(15)

La mayoría de los temas debatidos referidos a las mujeres han sido producto de las deliberaciones públicas, de la sociedad civil, en numerosas organizaciones y al interior de las comisiones de mujeres constituyentes. (16)

Las leyes más esperadas

Tema largamente debatido en toda la sociedad que invisibiliza la labor de las mujeres es el del ámbito doméstico, por eso que el gran debate ha sido el reconocimiento del valor económico del trabajo del hogar.

Y como las grandes luchas de las mujeres siempre estuvieron referidas al tema de la tierra, deliberan, hablan de la tenencia, herencia y titularidad de la tierra para las mujeres.Fundamentalmente en el tema de la tierra dan explicaciones que incluyen y toman en cuentan las reivindicaciones de las mujeres de pueblos indígenas y originarios, que han sido objeto de luchas en décadas.

La llegada al poder justamente de un indígena abrió una perspectiva diferente para bolivianas y bolivianos cuando los planteos empezaron por vivir bien y con valores de unidad, igualdad, inclusión, dignidad, equidad social y de género con principios éticos para una sociedad plural.

Luego de los diálogos y escuchar las voces se conformó la Asamblea Constituyente donde el 34,51 % de las asambleístas fueron mujeres, 88 mujeres sobre 255 asambleístas de diferentes departamentos del país. De éstas la mayoría, 64 mujeres del partido de gobierno, del MAS, 16 del partido opositor Podemos y 8 de otros partidos. El 29,8 % de las mujeres profesionales, el 9 % agricultora, 9 % dirigentes de diferentes organizaciones de la sociedad civil, sólo el 3 % se asumió como ama de casa y el resto declaró tener otra ocupación; profesora, comerciante, estudiante o empresaria. (17)

En el planteo de refundar Bolivia y algunos de los pasos trascendentales de la llamada Revolución Democrática y Cultural fue esta experiencia del debate constituyente con todos los sectores de la sociedad, hasta de los más postergados que participaron de las deliberaciones y tantas complicaciones, complots y muerte provocaron.

Conclusiones

Las mujeres fueron siempre invisibilizadas en la historia, en las revoluciones de Chuquisaca y La Paz ni siquiera se las nombra y más aún en las leyes fundamentales del país. Numerosos debates y luchas llevaron a desenmascarar las bases patriarcales en que se fundó Bolivia y aún hoy sigue vigente esta situación que deberá ir cambiando a partir de que la Ley Fundamental ha tenido en cuenta a las inmensas mayorías, casi siempre desprotegidas y ha destacado la equidad de género no sólo como un slogans, sino como parte de la vida misma para bolivianas y bolivianos.

El proceso estuvo teñido de múltiples conflictos generados entre los partidos políticos tradicionales, especialmente los opositores al gobierno que hicieron dificultoso, el desarrollo de la Asamblea Constituyente, la aprobación del contenido de los artículos y por último la negociación para someterse a un plebiscito que finalmente fue afirmativo a principios del año 2009 para que se apruebe la Nueva Constitución Política del Estado Boliviano

Por otro lado ahora queda la práctica, lo que se ha conseguido con luchas no se va a borrar con la indiferencia ya que los pueblos indígenas y las mujeres defenderán sus derechos adquiridos aunque el Estado sea un estructura difícil de cambiar. Alain Touraine, en el año 2007, decía:

“La clave de la vida política del continente y de su capacidad de inventar un modelo político y social […] es, sin duda, Bolivia. Parece existir una conciencia general sobre la necesidad de aceptar el modelo boliviano tal como se está conformando, en su radicalidad, su nacionalismo y su heroísmo, en sus excesos de lenguaje y también de acciones. Estoy entre quienes piensan que el futuro político del continente depende hoy, ante todo, de las oportunidades de Bolivia de construir y hacer realidad un modelo de transformación social […]”.

La lucha de las mujeres indígenas comenzó desde los primeros días de dominación colonial y Bartolina Sisa fue el mayor ejemplo de combatiente.

Se continuó durante los procesos independentistas, en todas las épocas de la República y estas reivindicaciones históricas se vieron plasmadas en su mayoría luego de las deliberaciones de las Asambleístas en las nuevas leyes del Estado.

La república que ahora se llama Estado Plurinacional de Bolivia, en su refundación a declarado a Tupac Katari y Bartolina Sisa como héroes en la lucha contra el opresor extranjero, al igual que no olvida a hombres y mujeres que a lo largo del tiempo dejaron su sangre por un país mejor.

NOTAS:

1. Simián de Molinas, Susana. La revolución de Mayo. Centro Editor de América Latina (CEAL). Buenos Aires, 1984.
2. Roca José Luis. Ni con Lima ni con Buenos Aires. Plural. La Paz, 2007.
3. Ibidem
4. Ibidem
5. Just Lleó Estanislao. Comienzo de la independencia en el Alto Perú. Los sucesos de Chuquisaca, 1809. Editorial Judicial. Sucre, Bolivia, 1994.
6. Ibidem
7. Consulta y mayores datos en Wexler Berta"Juana Azurduy y las mujeres en la revolución altoperuana. Las Heroínas altoperuanas como expresión de un colectivo" 1809-1825. Sección Historia Instituto N°3 Eduardo Laferriere Villa Constitu¬ción Pcia de Santa Fe y Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Mujreres Universidad Nacional de Rosario. República Argentina. Rosario, 2001.
8. Según los partes de los españoles.
9. Designada Generala de las Fuerzas Armadas de la Nación en Bolivia, en 1980 al igual que recientemente en Argentina se le otorgó el grado de Generala del Ejército Argentino.
10. Voces y andares se presentó en el Museo de la Mujer, Pje Dr. R. Rivarola 175, Ciudad de Buenos Aires, el 27 de octubre de 2009 con el auspicio de la Embajada del Estado Plurinacional de Bolivia.
11. Investigación realizada por Colectivo Cabildeo, La Paz, Bolivia.

12. RUBIN, Gayle. Tráfico de mujeres. Notas sobre la “Nueva Economía Política” del Sexo. En Revista Nueva Antropología, Noviembre- Vol. VIII, Nº 030. Universidad Nacional Autónoma de México. México D.F., 1986.
13. RIVERA, Silvia [comp]. Ser mujer indígena, chola o birlocha en la Bolivia postcolonial de los 90. La Paz, 1996.
14. QUIJANO Aníbal. Don Quijote y los molinos de viento en América Latina. en Lander Edgardo (comp.) Colonialidad del Poder, Eurocentrismo y América Latina. Clacso-Unesco, Buenos Aires Argentina, 2000.
15. Wexler Berta, Oviedo María. Las mujeres en el proceso constituyente de Bolivia. Historia Regional Nº 27. Sección Historia. Instituto Superior Profesorado Nº 3. Villa Constitución Provincia de Santa Fe, Octubre, 2009.
16. PADEP. Mujeres constituyentes. La Paz, 11 de octubre del 2007.
17. PADEP. Ob. cit.
_______________

María Edit Oviedo es licenciada y profesora en historia. Master en Desarrollo Social Humano, UMSA. Directora ejecutiva del colectivo Cabildeo, La Paz, Bolivia.
Berta Wexler es master en la problemática del género. Profesora especializada en historia, CEIM Universidad Nacional de Rosario.

6.3.10

El pueblo jujeño en su lucha ancestral

Entrevista a Carlos Aramayo por Cristina Mateu
La conmemoración del bicentenario de la Revolución de Mayo requiere recuperar la historia de los principales protagonistas de la lucha independentista, los pueblos originarios de América. Respecto de esta revaloración, que incluye la realidad actual de estos pueblos, conversamos con el economista y dirigente popular Benito Carlos Aramayo, autor de Jujuy en el bicentenario, contexto e historia de luchas, libro que presentó en la última Feria Internacional del Libro.

–Próximos al bicentenario de la Revolución de 1810, ¿qué importancia da a la lucha de los originarios y criollos jujeños contra la conquista y en la guerra de la independencia?

–Los originarios de Jujuy resistieron a los conquistadores desde el mismo momento en que éstos pisaron su suelo. Según algunas fuentes, al momento de la definitiva fundación de San Salvador de Jujuy, en 1593, el cacique Viltipoco llegó a reunir un ejército de diez mil hombres que incluía a originarios de lo que hoy es el noroeste argentino. Los Omaguacas venían resistiendo a los conquistadores desde muchos años antes. Pero los que más resistieron fueron los llamados chiriguanos, nacionalidad integrada por ava guaraníes y tupi guaraníes, como ellos se llaman a sí mismos. La denominación de chiriguanos fue una imposición despectiva de los incas, que antes habían pretendido dominarlos. Dice Carlos Zanolli que “entre 1562 y 1563 se produjo un gran levantamiento de indios chiriguanos que afectó los territorios comprendidos desde Santa Cruz de la Sierra hasta el norte del Tucumán”. Este es un importante antecedente de lo que protagonizó esta nacionalidad hacia fines del siglo XIX. Pocos días antes del levantamiento de Tupac Amaru ya se habían sublevado los originarios en Potosí y Chuquisaca. Todo esto se conocía en Jujuy y cuando llegó la noticia de la rebelión de Tupac Amaru se organizaron y la crónica española de la época dice que “no son sólo los indios tobas los indispuestos sino hasta los mismos españoles según se reconoce”. También dice que “los indios tobas ya dicen que el Rey de los españoles no gobierna sino un pariente suyo”. Bueno, fueron estos contingentes de originarios, criollos pobres y españoles que estaban contra el dominio colonial los que se unieron cuando se conoció la noticia que se había depuesto al Virrey en Buenos Aires. Siglos de opresión y explotación causaron la Revolución de 1810 y la guerra de independencia que duró más de quince años, contando desde el levantamiento de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809 hasta la batalla de Tumusla en abril de 1825.

–¿Qué tipo de unidad antiespañola se armó en el Alto Perú?

–Hubo dos momentos. El primero cuando ocurre lo de Tupac Amaru y Tupac Catari el componente principal y la dirección del movimiento anti español está principalmente en manos de las masas originarias y sus caciques dirigentes. El ejército de Tupac Amaru también tenía jefes que eran criollos y algunos españoles. En el caso del ejército de Tupac Catari, que llegó a reunir a cuarenta mil combatientes, eran casi todos originarios y tenían a la par a sus mujeres, como son los casos emblemáticos de Micaela Bastidas y de Bartolina Sisa. Tupac Catari fue quien dijo: “solamente a mi me matan, volveré y seré millones”. Los impulsaba y unía el odio a las condiciones de explotación, miseria, desprecio a sus culturas y asesinato de millones que habían impuesto los españoles durante casi tres siglos. La situación de los originarios del norte argentino era la misma que la de sus hermanos del Perú y del Alto Perú. Cuando ocurre el levantamiento en 1780 el Rey de España ante la alarmante mortandad de los originarios dispuso que en las localidades de Rinconada y Santa Catalina, en la Puna jujeña, se suspendiera la mita u obligación de trabajo personal para los españoles. En esta zona el sargento criollo Luís Lasso de la Vega se proclamó Gobernador en nombre del jefe rebelde Tupac Amaru. Otro criollo José Quiroga encabezó el levantamiento en la zona de Ledesma donde se tomó la reducción franciscana de San Ignacio y se fusiló a su comandante.
El otro momento ocurre con la Revo-lución de 1809 en Chuquisaca y La Paz donde son dirigentes criollos y españoles “ilustrados” los que encabezan los levantamientos.

–¿De qué manera repercutió en el pasado y en la actualidad la lucha y protagonismo de los pueblos originarios de Bolivia en nuestro país?

–Lo del periodo de la lucha anticolonial es como acabo de decirlo y de alguna manera se conoce, aunque relativamente. Lo que se desconoce bastante es la enorme importancia que tuvo la lucha, la resistencia de los originarios hacia finales del siglo XIX y su influencia sobre el norte argentino. Tomemos dos ejemplos extraordinarios. En Jujuy el levantamiento originario que lleva a las batallas de Abra de la Cruz y de Quera, que ocurren en diciembre de 1874 y enero de 1875, están precedidas o ocurren simultáneamente con el gran levantamiento de la nacionalidad guaraní en la región de Chuquisaca. Los originarios a fines de octubre de 1874 ya tienen organizado un ejército de 20.000 kereimbas (combatientes) guaraníes. Fueron derrotados por el ejército boliviano. Entre los testigos de una de las masacres posteriores al levantamiento se encontraba un niño llamado Apiguaiki. Con el correr de los años y educado por un cacique (mburubicha) este niño se convirtió en el Tumpa, que significa consagrado y dotado de cualidades espirituales. Él dirigió en 1892, teniendo 28 años, el mayor levantamiento de la nacionalidad guaraní. Reunió nuevamente un ejército de entre 15 y 20 mil kereimbas en contra de los “hacendados terratenientes, curas y militares” que los expulsaban de sus tierras para explotar la madera y criar ganado. El 28 de enero de 1892 se produjo la Batalla de Turuyuki, Departamento Chuquisaca. En la batalla murieron cerca de mil combatientes guaraníes y posteriormente el ejército produjo una masacre de más de cuatro mil guaraníes. Apiguaki fue entregado por un cacique traidor y fue hecho prisionero. Fue torturado durante quince días y se mantuvo en silencio. Después de dos días de exposición en la Plaza de Monteagudo, fue fusilado el 29 de marzo de 1892. Este año el presidente Evo Morales, con motivo del 117 aniversario de la batalla de Kuruyuki fue a la comunidad de Ivo Kuruyuki, que está a unos 200 kilómetros de Camiri, a inaugurar la primera Universidad de la nacionalidad guaraní que llevara por nombre Apiguaiki Tumpa.
Toda esta historia es parte de la historia de nuestros hermanos originarios del norte argentino. Muchos de los sobrevivientes de la masacre huyeron hacia el norte argentino. Algunos de ellos después fueron forzados por los dueños de los ingenios azucareros, de capital imperialista, con la colaboración del ejército argentino, para trabajar en la zafra de la caña de azúcar. En la memoria colectiva heredada por los guaraníes está el Tumpa Apiguaiki. Así como en estos días registran y se conmueven por la masacre de sus hermanos originarios en el Perú. La historia centenaria de sus luchas forma parte de su rebeldía en el presente y alumbra el crecimiento de sus organizaciones que reclaman por sus tierras. Fueron y son la etnia principal de los obreros del azúcar que actualmente viven en las localidades donde están radicados los ingenios de Salta y Jujuy. Fueron y son los descendientes de los guaraníes del Tumpa los protagonistas principales de las puebladas de Mosconi, Tartagal, Libertador General San Martín y de la lucha para impedir que se cierre el ingenio La Esperanza. Los guaraníes en Bolivia han difundido algunos de sus principios, que tratan de practicar en sus comunidades. Le digo tres: Ohupiti yvy opaete pegua (que alcance la tierra para todos), aguiye ñamokañi tekoasa (no olvidemos los acontecimientos del pasado) y ñande pia katuavei ayoupe (nos demos buen trato entre nosotros).

–El triunfo de la oligarquía terrateniente bonaerense y su asociación con el imperialismo llevó a la subordinación de las oligarquías provinciales, ¿Qué características tuvo esa subordinación de la oligarquía jujeña y que tipo de relación generó a nivel nacional?

–Fue un proceso de subordinación y relación de conveniencia de toda la oligarquía terrateniente del noroeste respecto de la oligarquía terrateniente de la pampa húmeda. Esta había definido el carácter dependiente, agro exportador, de nuestro país y para resolver la “pacificación nacional” les otorgó, a la oligarquía azucarera primero y al capital imperialista después, la protección de la producción azucarera con aranceles elevados que hacia muy difícil la competencia extranjera. Esta relación de poder de las clases dominantes es lo que abrió el camino para que algunos apellidos de las oligarquías de Tucumán, Salta y Jujuy llegaran a la presidencia de la Nación, a la vice presidencia, a los ministerios y al Congreso Nacional. Están los Roca, Avellaneda, Uriburu, Cornejo, Sánchez de Bustamante, Bustamante Pérez y otros.

–¿Cómo fue el Centenario jujeño y en qué condiciones se encuentra Jujuy en vísperas del Bicentenario?

–Hacia 1910 la población de Jujuy era de aproximadamente 70 mil habitantes. El Censo de 1914 registra 77.511 habitantes. La economía estaba en pleno proceso de transformación. Hasta fines del siglo XIX predominaba la actividad pastoril-ganadera, con tráfico comercial hacia Bolivia y el Pacífico, la pequeña minería y fincas que abastecían de algunos granos y hortalizas a la población local. Las relaciones sociales de producción seguían siendo predominantemente semi feudales y en algunos casos directamente feudales. Con la penetración del capital imperialista en el azúcar, desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, avanzan las relaciones de producción capitalistas y se disputaban la provincia los ingleses en el ingenio La Esperanza, los franceses y norteamericanos en el ingenio Ledesma y los alemanes en el ingenio La Mendieta. El ferrocarril ya había llegado y fue un factor decisivo en el avance de la integración de la economía azucarera con el mercado nacional y mundial. En la Puna y Quebrada seguía trabada la disputa por la propiedad de la tierra después de los sucesos de 1874 y 1875, lo originarios no lograban que se les reconozca la propiedad de sus tierras y continuaban luchando y haciendo planteos contra los terratenientes. En cambio en los Departamentos de la zona tropical, San Pedro y Ledesma, el llamado “Ramal”, por el ramal del ferrocarril, avanzaba a grandes pasos la apropiación de la tierra de los originarios guaraníes por parte de los terratenientes y la venta de las mismas al capital imperialista. A Jujuy habían llegado muy pocos inmigrantes europeos por lo que la población seguía estando compuesta en su mayoría por originarios, criollos pobres y un pequeño núcleo de descendientes de españoles que formaban la clase dominante. La divisoria social entre “blancos decentes” e indios y criollos seguía expresando una sociedad de castas. La clase obrera azucarera moderna aparecía en escena, junto a los originarios forzados a trabajar en los ingenios con levas ejecutadas por el ejército. La provincia era gobernada por un núcleo restringido de familias y como en el resto del país regía el “unicato” y el “régimen” de la parodia electoral que denunciaban los radicales. Esto era, a grandes rasgos, el Jujuy del Centenario. Una década más tarde los radicales yrigoyenistas denunciarían a los latifundistas y “negreros” que manejaba la provincia.
En el Bicentenario la población es diez veces superior a la del Centenario, somos 700.000. Hoy existe más población originaria que al momento de la conquista y el coloniaje y está llegando la hora en que harán justicia histórica. La característica principal de hoy es que Jujuy es la provincia de mayor concentración de la propiedad de la tierra del país. Cinco grandes propietarios, el ingenio Ledesma, con 157.556 hectáreas; ingenio La Esperanza, con 64.219 hectáreas; ingenio Río Grande (La Mendieta) con 26.563 hectáreas; Forestal del Norte, con 24.500 hectáreas (estos son propietarios de las tierras que pertenecían a Altos Hornos Zapla) y la familia Bracamonte de Fraile Pintado, con 24.544 hectáreas. Entre los cinco mencionados poseen casi el 40% del total de la tierra con valuación fiscal inmobiliaria rural. En el otro extremo hay 4.500 propietarios con límites definidos y otros 4.500 ocupantes sin límites definidos. Por otro lado, después de las privatizaciones del menemismo avanzó la penetración del capital imperialista y el monopolio en los servicios de energía y gas –se apropiaron de la producción de acero, del banco provincial – y en la minería y otras ramas. Nada de esto tocó el actual gobierno de los Kirchner. Somos una provincia donde los niveles de desocupación, pobreza e indigencia son escandalosos. Los indicadores de salud y educación son de los peores de la Argentina y sin embargo en un país unitario y antifederal se les saca recursos de coparticipación federal a través del Pacto Fiscal, de agosto de 1992, que tampoco cambio con Kirchner. Hay barrios en la ciudad de Libertador General San Martín, donde está el ingenio Ledesma, que factura un cuarto del Producto Bruto Geográfico (provincial) y logra muy buenas ganancias, en los cuales las llamadas “necesidades básicas insatisfechas” abarcan al 90% de sus habitantes, según estudios del Municipio. Nada más patético para confirmar lo que Carlos Marx consideraba la contradicción principal del modo de producción capitalista: la producción es social y la apropiación de la riqueza individual. Por todo esto en el Bicentenario está a la orden del día la necesidad de luchar para que avancemos para terminar con el yugo estructural que nos agobia y nos hace pobres y marginales, para abrir la posibilidad de que comencemos a solucionar nuestros problemas, a través de una revolución democrático-popular, agraria y antiimperialista en marcha ininterrumpida al socialismo. Decimos que el camino para ello es algo que los jujeños hemos practicado bastante en los últimos veinte años, por ejemplo, con los jujeñazos y libertadorazos.

La Argentina del Centenario, festejo y represión

Por Emilio Ratzer
El centenario de la Revolución de Mayo en la Argentina de 1910 festejó un “modelo de país dependiente” mientras que a los trabajadores organizados que luchaban por mejores condiciones laborales debían acatar el estado de sitio. En estas páginas el autor recorre la situación del movimiento obrero en esos años gloriosos para las clases dominantes y difíciles para los trabajadores ocupados y desocupados de la ciudad y el campo.

Estado de sitio en la Argentina! Lo que esto significa hay que haberlo vivido para entenderlo, decía a principios del siglo XX Germán Ave Lallemant, uno de los integrantes de la corriente que impulsó el primer periódico marxista de la Argentina, El Obrero, allá por 1890.1

Así “celebraron” las clases dominantes el centenario de la Revolución de Mayo, en 1910. Con estado de sitio, deportaciones masivas de trabajadores, y 2.000 presos políticos y sociales.

Nuestro país era por esos años, al decir de Lenin, “un modelo de país dependiente”, con una creciente injerencia de los países imperialistas. Primaban los ingleses, en dura disputa con los alemanes, franceses, belgas, y ponían sus pies los capitales estadounidenses.

Millones de hectáreas habían pasado a manos de los terratenientes, sobre la base del genocidio de los originarios, y de frustrar los tibios intentos colonizadores incorporando inmigrantes europeos que terminaron, unos como arrendatarios, y la mayoría como artesanos y obreros en las ciudades.

Los asalariados eran un 65% de la población económicamente activa, número muy alto comparado incluso con países europeos. La mayoría de los trabajadores industriales eran extranjeros (59% según el censo de 1914), y estaban asentados prin-cipalmente en Buenos Aires, Rosario, y algunas otras ciudades.

TRES CORRIENTES EN EL MOVIMIENTO OBRERO
Hacia 1910, el movimiento obrero argentino estaba dividido en tres corrientes principales: los anarquistas, los sindicalistas y los socialistas reformistas. Habían pasado 20 años desde la realización de las manifestaciones del 1° de Mayo de 1890 en Buenos Aires, Rosario y otras ciudades, en los que se acumularon importantes experiencias de lucha.

En las tres corrientes predominantes en el movimiento obrero se daban fuertes debates, tanto al interior de cada una de ellas, como entre sí. Así entre los anarquistas estaban los “antiorganizadores” y los “organizadores”, con preponderancia de estos últimos desde fines del siglo XIX. Eran la fuerza mayoritaria del movimiento obrero en el período que nos ocupa, haciendo centro en la lucha económica, impulsando huelgas parciales, la huelga general, el abstencionismo electoral y un profundo rechazo a la lucha política.

El Partido Socialista dirigido por Juan B. Justo profundizaba por esos años una línea revisionista, reformista, de corte parlamentarista. Como dijera Lallemant en 1908 “los elementos propulsores del partido socialista son ideólogos burgueses que no están dispuestos a cruzar un determinado Rubicón”.2 El PS ya era en esos años una fuerza que en lo principal conciliaba con los terratenientes liberales, hegemónicos entre las clases dominantes, y se oponía a los sectores de burguesía nacional que levantaban banderas nacionalistas.

Estaba aún dispersa dentro del PS la corriente que en 1912 comenzaría a aglutinarse y que daría origen en 1917 al Partido Socialista Internacional, luego Partido Comunista.

El sindicalismo era una corriente surgida del interior del Partido Socialista hacia 1903, que fue expulsada del mismo en 1906, y desde posiciones propias empalmó con la corriente sindicalista revolucionaria influenciada por Georges Sorel. Plantearon en sus inicios posiciones revolucionarias en torno al problema del Estado, y cuestionaron el abandono que hacía la dirección del PS de las cuestiones gremiales.3 Planteaban que la verdadera organización revolucionaria era el sindicato, y su arma superior, la huelga general. Hacia 1910 estaban en desarrollo, y en 1915 se transformarían en la corriente más numerosa dentro de las organizaciones sindicales.

Para la época del Centenario de la Revolución de Mayo había dos centrales sindicales: la FORA (Federación Obrera Regional Argentina), creada en 1904 y dirigida por los anarquistas; y la CORA (Confederación Obrera Regional Argentina), conformada en 1909 e integrada por los sindicalistas, la UGT (socialista) y algunos gremios que venían de la FORA.

FALTABA UN PARTIDO
La falta de un partido verdaderamente revolucionario era una traba para el desarrollo con una perspectiva de poder, de las inmensas y heroicas luchas protagonizadas por los trabajadores, que fueron ejemplo en para los obreros de otros países.

Esta ausencia del partido marxista ahondó desencuentros e incomprensiones que lastraron durante muchos años el avance de una línea que permitiera la integración del marxismo con la revolución argentina. Esto se evidenció en los análisis erróneos y la incapacidad de dar respuesta de estas tres corrientes a problemas fundamentales como: 1) las implicancias del desarrollo del imperialismo en esos primeros años del siglo XX, la división en países opresores y países oprimidos, la “cuestión nacional” y las nubes de guerra que ya aparecían en el horizonte. 2) El tipo de revolución necesaria en la Argentina, y consecuentemente qué política de alianzas para el proletariado, particularmente la relación con las luchas campesinas (no abordaban la cuestión agraria y democrática) y con las organizaciones políticas de la burguesía nacional, en esos años el radicalismo principalmente. 3) Qué significado tenía la “acción política” de la clase obrera, entre los reformistas que veían como único camino la participación en las elecciones, y los anarquistas, con su abstencionismo y desprecio a la política. Este debate se agudizó posteriormente a 1912, al introducir la oligarquía las reformas a la ley electoral, e hizo crisis con los acontecimientos de la Semana de Enero de 1919.

AÑOS DE LUCHA Y REPRESIÓN
Hacia el Centenario, la clase obrera venía de una oleada de huelgas con un hito en la primera huelga general, en noviembre de 1902. El gobierno de Julio A. Roca respondió con la nefasta “Ley de residencia”, la 4.144 por la cual se podía deportar a trabajadores “agitadores” por su participación en las luchas, allanamientos de locales, clausura de periódicos, pero el auge no se detuvo.

En 1909 se produjo la llamada Semana Roja, una huelga general de 8 días, tras la represión a un acto de la central anarquista FORA el 1° de Mayo, que dejó 11 muertos y centenares de heridos. El ataque policial fue sangriento, dirigido por el tristemente célebre coronel Falcón. La huelga fue tan contundente que el gobierno, por primera vez, tuvo que negociar con los obreros, aceptando sus condiciones: abolición del Código Municipal de Penalidades. Libertad de todos los presos por causa de huelgas. Reapertura de los locales obreros.

Durante la Semana Roja hicieron su aparición, junto a la policía y el ejército, bandas de “niños bien” de la oligarquía, atacando locales sindicales, casas de obreros, imprentas, etc. Estos grupos realizaban los ataques en nombre de símbolos como la bandera argentina, los “valores patrios”, etc.

Esto era parte de una ofensiva oligárquica por imponer su visión de una Argentina “moderna”, “pujante”, cuyos problemas estaban causados por los “anarquistas extranjeros”, que a partir de estos años fueron identificados con los “rusos”, los “israelitas”, etc.

Esta xenofobia se combinó con la represión, y con medidas tendientes a aislar y dividir al movimiento obrero de otros sectores sociales que crecían en su enfrentamiento al gobierno. Una de ellas había sido la propuesta de un Código de Trabajo, en 1904, que generó un intenso debate. Esta reforma a las leyes laborales aceptaba reivindicaciones muy caras como la jornada de 8 horas, pero imponía una reglamentación de las sociedades obreras. Dentro del Partido Socialista la discusión lo llevó al borde de la ruptura, ya que varios miembros del PS habían colaborado en el proyecto. Finalmente fue rechazado.

Ese mismo año, el ministro de Roca, Joaquín V. González, se congratulaba de que los socialistas tuvieran su primer diputado electo, Alfredo Palacios, metiéndose en el debate acerca de la participación o no en las elecciones, que dividía a anarquistas y socialistas desde comienzos de la década del ’90 del siglo XIX. Era otra muestra de la política de concesiones que se daba el gobierno roquista hacia el Partido Socialista, facilitado por la línea de su dirección.

EL AÑO DEL CENTENARIO
El año del Centenario encontró al movimiento obrero restañando las heridas de la feroz represión de la Semana Roja, y volviendo al combate por reivindicaciones tanto de salario como de reducción de la jornada. Estas huelgas habían afectado hasta las obras que estaba construyendo el gobierno para los festejos de la semana de mayo.

En abril la CORA había lanzado la propuesta de huelga general a partir del 18 de mayo, con el objetivo principal de lograr la derogación de la ley de residencia y la libertad de los presos que quedaban de la represión a la Semana Roja, “en defensa de la libertad de la clase obrera en la propicia ocasión del Centenario”. La declaración de la CORA convocando a la huelga afirmaba “La única celebración que podemos hacer en las fiestas centenarias es que ellas sean el motivo para que se consagre la conquista de una libertad. ¡Será así que la libertad se conmemorará con la conquista de más libertad!”.4

Los anarquistas habían convocado el 8 de mayo a una manifestación con el mismo objetivo frente a la Penitenciaría Nacional, reuniendo a una multitud estimada en 70.000 personas. Allí la FORA resolvió adherir a la convocatoria a la huelga general planteando tres puntos: Derogación de la ley de residencia, libertad de los presos por cuestiones sociales, y amnistía amplia para los infractores y desertores del ejército.

El gobierno se adelantó, y el 14 de mayo la Cámara de Diputados resolvió el estado de sitio “por tiempo indeterminado y en todo el país”. A partir de allí se desató la más feroz represión que se había conocido en el país.

Aquí el gobierno ya usa abiertamente el argumento de la “patria ofendida”, como diría el ministro del Interior Gálvez en su informe al Congreso ese 14 de mayo, reivindicando los grupos civiles armados. El diputado Manuel Carlés, fundamentando el pedido de estado de sitio, afirmó “El cuadro que presenta en este momento la república tendría todos los colores de los entusiasmos patrióticos, si no fuera que un punto sombrío, marcado por la parte tenebrosa de habitantes de la república, viniera a mortificar el recuerdo de honor y gratitud que los hombres sanos y honestos hoy festejan”. (La Vanguardia, 14 de mayo de 1910).

El comentario de La Vanguardia en la misma edición expresa bien el crudo reformismo de la dirección del PS: “El estado de sitio ha sido iniciado por la cámara con el objeto de contrarrestar las amenazas evidentemente descabelladas de un grupo de alucinados…” y remata dolido que “no podía sospecharse que la ofuscación y la ineptitud del gobierno llevaran al país a celebrar el centenario de su libertad al amparo de una ley que la niega”.

Declarado el estado de sitio, comenzaron las detenciones. Fueron presos los redactores de los periódicos anarquistas La Protesta, La Batalla, los consejos directivos de la FORA y la CORA, y se desató una persecución de las bandas “patrióticas” que duró varios días, atacando los locales de sindicatos, los de La Vanguardia, La Protesta, quemando y saqueando. Todo en nombre de la “patria”. Los “niños bien”, protegidos por la policía, intentaron avanzar hacia los barrios obreros del sur de la ciudad, pero desistieron al llegar la información de que trabajadores y vecinos, muchas mujeres, estaban apostados en los techos, esperándolos.

“La huelga general no tuvo éxito. Algunos actos de sabotage contra la iluminación que durante las fiestas se interrumpía, se cortaba todos los días, fueron las únicas consecuencias aparentes”, según Alfredo Fernández.5 Marotta, dirigente de la corriente sindicalista, afirma que “Muchos trabajadores, en respuesta a los acontecimientos de los días 13, 14 y 15 y a la sanción del estado de sitio, comenzaron a hacerla efectiva el lunes 16. En Boca y Barracas la paralización fue total”, aunque la huelga decayó y prácticamente fue levantada el 21 de mayo.6

LAS VISIONES SOBRE LA PATRIA
Para los años que nos ocupan, las ideas predominantes sobre el tema nacional entre las direcciones obreras, eran las que por ejemplo expresó el 6º Congreso de la FORA, en su resolución sobre las “Fiestas religiosas y patrióticas”: “El 6° Congreso aconseja a las sociedades de resistencia, exijan que se trabaje en los días de fiestas religiosas y patrióticas, por cuanto no debemos respetar ninguna de ellas”. 7

La Protesta, el 16 de marzo de 1910, afirmaba “Los que gobiernan en 1910 no pueden conmemorar dignamente el hecho de 1810… Protestamos contra la conmemoración del centenario de la revolución de mayo, que es conmemoración de libertades, porque la ley de residencia es la negación de esa libertad que se conmemora”.

Por el lado del socialismo, Alfredo Palacios manifestaba “No es patriotismo el derroche de los dineros públicos ni la eterna amenaza de la guerra contra el vecino hermano. Es en cambio obra de nacionalismo inteligente nuestra labor de asimilación del extranjero que trae prácticas más adelantadas que las nuestras…” y reafirma la vieja idea de Juan B. Justo sobre el librecambio, afirmando “es obra de nacionalismo inteligente y sano el rechazo de las falsas y absurdas ideas de proteccionismo que sustentan los que explotan el sentimiento nacional” (La Vanguardia, 7 y 8 de marzo de 1910).

Ya en 1909, el Centro Socialista de Avellaneda se refería a la conmemoración del 25 de Mayo: “La celebración del centenario va resultando una plaga para el pueblo”, y en un análisis histórico dice “reconocemos en la fecha que se va a celebrar un acontecimiento histórico de importancia puesto que él representa el triunfo de la causa de la pequeña burguesía contra el feudalismo colonial (…) pero no aceptamos que a cuenta de este acontecimiento se eche la casa por la ventana derrochando tan malamente el dinero del pueblo” (El socialista, Avellaneda, septiembre 15 de 1909, Nº 5).

Estas y otras expresiones motivan una reflexión de Marotta: “Podrá decirse –con no poca razón– que hubo de parte de las organizaciones obreras precipitación y de algunas publicaciones excesos de lenguaje... Nada eso justifica sin embargo la declaración del estado de sitio”.

Para comprender la efectividad del discurso “patriótico” del que se había apropiado la oligarquía, hay que señalar que, con la base objetiva de un proletariado que se iba conformando con un gran porcentaje de extranjeros, ni anarquistas, ni socialistas ni sindicalistas demostraron comprender en esos años la complejidad del tema nacional. Como indica Otto Vargas, esta cuestión clave para la integración del marxismo con la revolución argentina sería abordada correctamente recién hacia fines de la década del 20, con un Partido Comunista con diez años de existencia en nuestro país.

La oligarquía dominante, con hegemonía de los bonaerenses, impuso su visión de “patria” al conjunto de la sociedad. Una “patria” donde se glorificaba al gaucho que antes se había combatido, y se reivindicaba al idioma castellano frente al “cocoliche” de los inmigrantes, mientras nuestra “high life” afianzaba su colonialismo cultural con Europa, a la vez que expresaba su más profundo desprecio por los originarios y las masas de trabajadores nativos que eran mayoría en los obrajes, ingenios y estancias.

Muchas de estas opiniones fueron compartidas por dirigentes anarquistas y socialistas. No faltaban expresiones como “no hay nada en ese pueblo embrutecido que va a votar creyendo ejercer un derecho sacrosanto”, en periódicos anarquistas como La Protesta (la cita es del 9 de marzo de 1906), o esta gran muestra de colonialismo mental expresada por el diputado socialista Adolfo Dickmann: “Extranjeros son, todos los argentinos de color blanco, aunque hayan nacido aquí, porque al decir de Alberdi “color, cráneo, cerebro, todo es de afuera”. (Los argentinos naturalizados en la política, 1915).

En este contexto, si bien los sindicatos y algunas expresiones de las organizaciones obreras realizaron un trabajo de unir a los trabajadores nativos y extranjeros, al no haber un partido que, como los bolcheviques en Rusia, rescatara el marxismo y avanzara en el análisis de la nación en tiempos del imperialismo, lejos estaban en 1910 las direcciones anarquistas, socialistas o sindicalistas de comprender que bajo esta visión hegemónica subsistía, en lucha contra ella, otro proyecto de identidad nacional, con raíces en nuestros pueblos originarios y en años de lucha de clases.8

NO PUDIERON BORRAR LA HISTORIA
Para finalizar, recordemos que la represión no se detuvo en la semana de mayo de 1910. Pocos días después, en junio, sobre la base de una bomba de escaso poder puesta en el Teatro Colón, la Cámara de Diputados aprobó la “Ley de defensa social”, destinada a reprimir penalmente a las organizaciones políticas y sociales del movimiento obrero. Pese a ello, nuestra clase obrera, en la segunda década del siglo, protagonizó grandes batallas, en particular el primer esbozo insurreccional que fue la Semana de Enero de 1919.

Hoy, a pocos meses del bicentenario, pese a todos los esfuerzos que han hecho y hacen los escribas de las clases dominantes para relegar en el olvido este capítulo de la historia de nuestra clase obrera, y convencernos que “tenemos que volver a ser la Argentina del Centenario”, no pueden borrar que, como dijo el dirigente anarquista Abad de Santillán en esos años: “El gobierno triunfó; pero la historia recordará que para celebrar la fecha de la Independencia fue necesario convertir a Buenos Aires en un campamento militar, con estado de sitio y con cárceles repletas".

Notas
1. Germán Ave Lallemant. Die neue Zeit, T. 2, 1903-1904, en La clase obrera y el nacimiento del marxismo en la Argentina, Leonardo Paso, Ed. Anteo, 1974, pág. 197.
2. Germán Ave Lallemant, Die neue Zeit, t. 2. 1908-1909, en La clase obrera... op.cit. pág. 205.
3. José Ratzer, El movimiento socialista en Argentina, Ediciones Agora, 1981, pág. 47 y siguientes.
4. Sebastián Marotta, El movimiento sindical argentino, Tomo 2, ediciones Lacio, 1961, pág. 70.
5. Alfredo Fernández, El movimiento obrero en la Argentina, Buenos Aires, Año 1, N° 4 y 5, 1937, editorial Plus Ultra, pág. 165 y siguientes.
6. Sebastián Marotta. Op. cit., tomo 2, pág. 78.
7. Sexto Congreso de la FORA, septiembre de 1906, citado en Edgardo Bilsky, La FORA y el movimiento obrero, tomo 2, Centro Editor de América Latina, 1985, pág. 218.
8. Para el tema de la nación, ver Otto Vargas, El marxismo y la revolución argentina, Tomo 2, pág. 27 y siguientes.

Emilio Ratzer es periodista e investigador de la historia del movimiento obrero.

El Mayo de las mujeres

Por Berta Wexler y Graciela Sosa

Las mujeres americanas aparecen en la historiografía de la revolución por la independencia asumiendo diferentes compromisos, ya sea directamente en las armas, en el apoyo económico o contribuyendo en la divulgación de las ideas desde el campo cultural, la canción y la poesía.

Tal vez su participación haya sido mucho más importante de lo que conocemos. Si nos detenemos, es posible ver que su actuación de orden público –aunque no siempre reconocido– parece eclipsar una actuación posible desde el ámbito cotidiano, de lo privado.
“Americanas: os ruego por la patria que desea ser libre, ciertos ejemplos de heroísmo...”,1 dice Bernardo Monteagudo. Esta apelación lleva a imaginar que se necesita su participación en el ámbito de lo público en las condiciones antes descriptas, sin embargo, su contenido sorprende porque reconoce como acto de heroísmo aquello que proviene de lo privado, destacándolo para que cobre otro valor en este contexto.
¿A qué se reconoce como heroico?
En primer lugar, al poder de reconocer al “patriota, amante sincero de la Libertad y enemigo irreconciliable de los tiranos”,2 acto que exige de ellas la decisión de apreciarlo y distinguirlo por sus cualidades morales y enmarcadas en la ilustración de los conocimientos.
En segundo lugar, al poder de persuasión que las mujeres tienen desde su misma condición de esposa, madre y patrona del hogar para lograr que los “nobles sentimientos”3 se incorporen a las ideas de su círculo más cercano.
En tercer lugar, al poder de seducción que “el imperio de su belleza” le permite “conquistar desnaturalizados y electrizar a los que no lo son”.4 Es decir, como recurso para las empresas difíciles, para esa franja de pensamientos más radicalizados en la oposición a las ideas de libertad que se pretenden difundir.
En el inicio la revolución de mayo de 1809 en Chuquisaca, el número de los que anhelan la independencia será mayor y se cumplía, según Estanislao Just Lleó, lo que había dicho en agosto de ese año, el síndico procurador de Potosí: “seductor hace cinco,/ los cinco veinte,/ los veinte ciento,/ y de este modo tal vez/ el contagio llegará a ser universal”.5
En la América de la conquista “el contagio llegará a ser universal”,6 ya que algunos de los testimonios muestran que la resistencia comenzó pronto y estuvo encabezado por hombres y mujeres. Un testimonio elocuente son los manuscritos de la mexicana María Bartola, historiadora y periodista: “La guerra ya se había declarado. El español ya pisaba nuestro suelo y fuimos nosotras las mujeres las que abandonamos todo (la casa, los hijos, el cultivo) para hacerle frente. Las mujeres madres, esposas, hijas, sirvientes y reinas de Tenochtitlan, Texcoco, Tlacopán, Cuautitlan, todas peleamos desgarradas contra la insaciable sed de oro del conquistador”.
María Bartola fue la primera mujer que dominaba la lengua de sus mayores y el castellano cuando dejó estos escritos. Contemporánea de las últimas luchas de los incas contra los conquistadores, murió sin que quedaran mayores datos.
En la América colonial “el contagio llegará a ser universal” porque las mujeres tuvieron a la par de los hombres participación en las acciones revolucionarias, ya que algunas fuentes relatan su presencia. La insurrección de fines del siglo XVIII, de Tupac Amaru en Perú y el de Tupac Catari en el Alto Perú donde se destacaron Micaela Bastidas, Teresa Quispe, Bartolina Sisa y Gregoria Apaza entre otras tantas sin que le conozcamos sus nombres, al mando de tropas y acompañando de diversas maneras el enfrentamiento. Fueron abatidas y luego sentenciadas a muerte por el enemigo. Las rebeliones controladas de forma sangrienta por los españoles se extendieron en toda la región del Plata, los virreinatos del Perú y Nueva Granada en las primeras décadas del Siglo XIX.
No sólo España gobernaba estas tierras sino que una de las potencias más grandes de la época como era Inglaterra en 1806 y 1807 invadieron el puerto de Buenos Aires para apoderarse del territorio y fue heroicamente resistidas primero en la Reconquista y al año siguiente en la Defensa de la ciudad, por parte de las tropas locales, donde se destacaron las mujeres.
Un parte del General Liniers que encabezó la Reconquista señala que: “no debe omitirse el nombre de la mujer de un cabo de asamblea, llamada Manuela la Tucumanesa (por la tierra de nacimiento), que combatiendo al lado de su marido con sublime entereza, mató a un soldado inglés del que me presentó su fusil”.
Por su valor y serenidad fue declarada heroína y premiada con el grado militar de Alférez. Manuela Pedraza era oriunda de Tucumán y vivía en Buenos Aires cuando tuvieron lugar las primeras invasiones inglesas.7
Ricardo Rojas en su Historia de La Literatura Argentina, recogió los versos de Pantaleón Rivarola dedicados a ella: “A estos héroes generosos,/ una amazona se agrega/ que oculta en varonil traje/ triunfa de la gente inglesa:/ Manuela tiene por nombre,/ Por patria, Tucumanesa”.
También Martina Céspedes fue nombrada Sargento Mayor por haber apresado junto con sus tres hijas a un general y a 12 soldados ingleses. La gran mayoría de mujeres de la ciudad de Buenos Aires colaboraron con los cuerpos locales empleando todo tipo de estrategias para derrotar al invasor.

EL ALTO PERÚ
En mayo de 1809, Chuquisaca se vio envuelta en un gran alzamiento y “el contagio llegará a ser universal” para las mujeres del virreinato del Río de La Plata.
La propia Audiencia de Charcas8 así lo documentaba: “La excitación era general en toda la ciudad. Gentes de ambos sexos y todas las edades convergían hacia la plaza”...
Los revolucionarios enterados que los cañones se encontraban en el Cabildo, los sacaron de allí, y los cargaban de piedras porque no tenían plomos y “las mujeres rasgando sus vestidos los daban de taco para que sirvieran de improvisados proyectiles”.9
A pesar de estas citas en los partes de la Audiencia la historiografía ha ocultado su accionar.
Sofocado el movimiento revolucionario por el general Vicente Nieto, enviado por el Virrey Cisneros, algunas matronas distinguidas fueron proscriptas. La investigación en los archivos nos ha permitido sacar a la luz algunos nombres de mujeres adineradas esposas o hermanas de los revolucionarios cuya participación es agradecida en el texto que describe la visita del Libertador, con una nómina de 24 “ninfas” siendo la Condesa de Lizarazu quien presidió a este grupo (4 de noviembre, 1825).10
La señora Lemoine sufrió la confiscación de bienes, fue obligada a caminar a pie con sus siete hijos a su destierro en Lagunillas, por caminos escarpados y desiertos sin el menor auxilio para su manutención y abrigo. Victoriosos los patriotas la sacaron de prisión y “entre los vítores del pueblo llegó a Chuquisaca, vestida de traje militar”...11 y siguió luchando por la causa. Transcurrido un tiempo, los realistas nuevamente la apresaron y la desterraron a Oruro. En el calabozo húmedo y malsano donde vio fusilar a otros compañeros, contrajo una cruel enfermedad.
Casimira De Ussoz y Mozi, por haber exaltado desde un balcón a los cholos para el asalto al cuartel, sufrió persecuciones, extorsiones, y ultraje hasta ser afrentada públicamente con una mordaza. Rosa Sandoval de Abesia, Fortunata y Teresa Orgaz Melean, también sufrieron persecuciones.12 La contradicción entre oprimidos y opresores encontró a las sufrientes mujeres que se incorporaron rápidamente a la lucha.
Este movimiento siguió en el mes de julio en La Paz con Vicenta Juaristi de Eguino con una mujer adinerada, de la alta sociedad paceña como líder que colaboró en las acciones rebeldes que instauraron una Junta de Gobierno. Una vez lograda la independencia de Bolivia, en 1825 fue declarada heroína por Bolívar ya que tuvo una acción destacada a lo largo del proceso, y una gran avenida de la Paz tiene un monumento en su homenaje. Algunos nombres de mujeres que la acompañaron en las acciones son Simona Manzaneda, una mestiza apodada “la jubonera”,13 Ursula Goizueta, Manuela Campos y Seminario de Lanza, María Dolores Mantilla, María Manuela Sagárnaga, Juana Manuela de la Sota y Parada, Manuela Durán, Tomasa Murillo Durán y muchas otras.
La participación de las mujeres en la revolución del 16 de julio, aparece en un escrito de La Junta Capitular que las condenó:14 “a las personas propensas a la discordia” dice: “que se abstengan las mujeres de cualquier extracción que sean”.15
Vicenta, Usrsula y muchas de estas mujeres sufrieron castigos, destierros y todo tipo de humillaciones por el hecho de participar en la guerra y fundamentalmente por ser mujeres.
“Desenfrenadas mujeres guerreras prostituían la religión y subvertían el orden”; estos eran los bandos del Cabildo que las instaban a “abstenerse de realizar actividades perniciosas”.16
Sin embargo la prédica de los españoles nos muestra que las mujeres no se dejaron convencer. Como ejemplo tenemos que Vicenta Eguino armó en secreto, en su casa, una fábrica de municiones, lugar donde trabajaban otras muchas mujeres criollas, mestizas e indígenas. Las mujeres dominaban el quechua y contactaban con los indios para lograr su incorporación a las luchas.
En Potosí las hermanas Juana y Mercedes Cuiza fueron emisarias y correo del ejército patriota, a quienes los realistas en la plaza les dieron 200 azotes y las ahorcaron para escarmiento de las demás. Sin embargo Mercedes Tapia, Marcelina Casteló, Gregoria Matos, Magdalena Nogales también colaboraron con las tareas del ejército hasta algunas manejaron cañones. Esto les costó la persecución, cárcel en la Casa de La Moneda y castigos muy cruentos. Las fuentes la citan como heroínas.
Los caudillos pelearon junto a las mujeres que acompañaron el proceso de la independencia americana. Junto a Manuel Ascencio Padilla se destacó Juana Azurduy, su esposa, que en 1812 se incorporó a la lucha anticolonialista, en calidad de soldado.
Juana adiestraba a las mujeres en el manejo de las hondas y montaban a caballo para salir al campo igual que los hombres. Juana Azurduy fue la única mujer que condujo caballería y estuvo al frente de las tropas sin tener instrucción militar, sólo se formó peleando junto a su esposo, organizó un ejército de Leales a la causa de la revolución.
Casi con 10.000 indígenas gran parte mujeres, se formaron sus escuadrones.
Obtuvo numerosas victorias, arrebató una bandera enemiga, por la que fue nombrada Teniente Coronel del Ejército Auxiliar del Perú. Perdió a sus cuatro hijos en el campo de batalla y al poco tiempo a su esposo.
Sobrepuesta al dolor, participó en Tarabuco en una batalla nuevamente embarazada y arrebató un estandarte español, a un coronel enemigo17. Para la época esto se tornó algo excepcional y el propio General Manuel Belgrano18 la describe a la bandera que arrebatara Juana Azurduy al abanderado enemigo y juzga: ...“ esfuerzos de su valor y de sus conocimientos en la milicia poco comunes a las personas de su sexo”... y solicita los despachos de Teniente Coronel de las Partidas de los Decididos del Perú.
Intentamos rescatar el protagonismo tan vasto de las mujeres a la par de los varones, llegando en el caso paradigmático de Juana Azurduy a dirigir en el combate directo a tropas de criollos e indígenas en su mayoría varones, durante largos períodos y campañas. Hecho tan alejado del rol destinado a las mujeres en las concepciones feudales de sociedades como de esos tiempos.
En mayo de 1812 un grupo de mujeres salió a defender la ciudad de Cochabamba ya que dijeron: “si no hay hombres nosotras defenderemos”. Sacaron del arsenal cañones y fusiles y se fueron al Cerro San Sebastián armadas también con palos y barrotes para enfrentar el enemigo. Su lema fue: “morir antes que rendirse”.19
Y eso fue lo que pasó, ya que el General español Goyeneche ese 27 de mayo, mandó a matar a las treinta mujeres. Actualmente en su homenaje se ha levantado un hermoso Monumento a las Heroínas de la Coronilla y se ha convertido ese día en el Día de la Madre Boliviana, cambiándole la dirección al mismo. En el sentido que se celebre que las mujeres eran ante todo madres (para que en todo caso no vuelvan a la guerra).
Todos estos grupos en diversas regiones, sin embargo la mayoría de los textos de historia americana y aún local, hoy siguen omitiéndolas por cuestiones que creemos son estrictamente de género, y que in visibilizan el rol de las mujeres en la esfera pública, dejando su actuación para el ámbito privado. La contradicción entre oprimidos y opresores hizo que las sufrientes mujeres se incorporaran rápidamente a la lucha.

EL RÍO DE LA PLATA
El Comandante José Santos Vargas que participó en estas contiendas del ejército revolucionario, dejó un diario manuscrito donde decía: “la causa de la revolución de la libertad tiene su asiento en todas partes”20.
Buenos Aires fue otra de las “partes” que en 1810 hizo la revuelta y en su largo proceso se unió a las aspiraciones americanas de libertad junto a mujeres que están poco nombradas en la historiografía. En las escasas crónicas encontramos a fundadoras luego de la Sociedad Patriótica: Teresa de la Quintana, Remedios de Escalada, María de la Quintana, Ramona de Esquivel, María Sánchez de Thopson, Petrona Cárdenas, Rufina de Orma, Isabel Calvimonte de Agrelo, María de la Encarnación Andonaegui, Magdalena Castro, Angela Castelli de Igarzabal y Carmen Quintanilla.21 Estas mujeres al pertenecer a los grupos acomodados entregaron el dinero para que sus nombres queden grabados en cada uno de los fusiles que compraron.
En los manuales escolares figura solamente Mariquita como la anfitriona de la reunión donde se presentó con su letra completa el Himno Nacional Argentino, Himno que luego fuera mutilado suprimiéndose las partes más comprometidas contra el orden colonial y que resultaba el sentimiento nacionalista y popular de la lucha.
En el ejército del Norte al lado de Belgrano pelearon, entre otras, en las batallas de Salta, Tucumán y el éxodo jujeño, mujeres del pueblo que se unían a la lucha a cada paso y para desempeñar diferentes roles. Algunas de las más conocidas fueron Martina Silva Gurruchaga que ya había obtenido grado militar, María Elena Alurralde de Garmendia esposa de un español, María Remedios del Valle, más conocida como la “Capitana” y Pascuala Balvás. Muchas de ellas terminaron sus días sin reconocimiento oficial y en la más absoluta pobreza, a pesar de haber prestado servicios a la patria.
El mismo Norte defendido por Martín Güemes en la guerra gaucha, tiene nombres como los de la famosa Macacha (su hermana Magdalena), Carmen Puch (su mujer), Isabel Araóz de Aguirre y Loreto Sánchez de Frías entre las más conocidas por ser familiares de revolucionarios pero cientos de anónimas del pueblo colaboraron en forma eficaz en toda la estrategia de las contiendas. Macacha sobrevivió la muerte de su hermano y luego en diversas acciones comandó la sublevación del pobrerío junto a los gauchos que se jugaron en la defensa de la patria.
En el ejército de San Martín se alistó Pascuala Meneses, con nombre y ropas de varón para no ser advertida, sin embargo hasta que fue descubierta cumplió tareas a la par del resto de la tropa.22 Numerosas negras y mujeres cumplieron tareas de acompañamiento del ejército en las campañas libertadoras.

EL CENTENARIO
En 1910 los diversos países de América celebraron el centenario de la Independencia. El nuestro lo hizo recibiendo a la Infanta Isabel de Borbón, tía del Rey Alfonso XIII que fue huésped en el palacio de Bary de la calle Alvear y a numerosas delegaciones extranjeras.
Sin embargo, frente a los grandes festejos el contraste estaba en las condiciones de vida de los trabajadores que aprovecharon la oportunidad para pedir que se derogara la Ley de Residencia y que regresaran al país los dirigentes expulsados. Ante el fracaso la Confederación Obrera Regional Argentina declaró la huelga general para la semana de los festejos de mayo a partir del 18. El 1º de mayo los discursos fueron duros contra los políticos que defendían a los sectores de la sociedad rural. El gobierno conservador de Figueroa Alcorta tenía grupos de choque que comenzaron a agredir e incendiar los locales obreros como el Diario anarquista La Protesta y el Socialista La Vanguardia.
Se realizó una gran manifestación frente a la penitenciaría para exigir la liberación de los 500 dirigentes presos y la derogación de la Ley 7026 de Defensa Civil que condenaba a muerte a los activistas sindicales, a la radicación de extranjeros que tuvieran antecedentes, prohibía la propaganda anarquista y actuaba sobre actividad de los gremios. El Estado de Sitio decretado debía garantizar la tranquilidad a la hora de recibir a las delegaciones extranjeras para el festejo, sin embargo el Mayo del Centenario tuvo oposición de hombres y mujeres en las calles.
Impacto muy notorio en esta semana de mayo, será el funcionamiento en Buenos Aires del Primer Congreso Feminista Internacional, donde las mujeres, por primera vez, hacían oír su voz ante numerosas delegaciones extranjeras.
Estos fueron los grandes contrastes de la celebración que reunía algarabía para unos pocos y tristeza para los sectores más empobrecidos.

CONCLUSIONES
En el mayo de la revolución de Chuquisaca en 1809 participaron las mujeres. En un 27 de mayo de 1812 eran muertas treinta mujeres de Cochabamba porque como no había hombres: ellas defendieron. En un 25 de mayo de 1862, se apagaba en Sucre, la vida de Juana, en la más absoluta soledad, sin embargo, los gobernantes (como ironía del destino), estaban ocupados en las conmemoraciones patrias, que la habían ignorado.
Era el mayo “cargado de dolor” por la muerte de Juana Azurduy, el mayo de las Heroínas de la Cochabamba, mujeres como pocas tuvo la historia.
En mayo de 1910 la elite gobernante, como ironía del destino festejada el gran aniversario, con la Infanta descendiente de aquellos Borbones enemigos, mientras reprimía la huelga general decretada por los obreros e implantaba el estado de sitio. Era el mayo de gloria para pocos, y el mayo teñido de dolor y descontento tanto para los sectores populares como para aquellas sufrientes mujeres que lo padecieron y hacían oír su voz en un Congreso Internacional, justamente celebrado en Buenos Aires.
El mayo de tantas rebeliones ha sido muy ocultado, debido principalmente a las concepciones y prejuicios que sobre el rol de la mujer han sido absolutamente dominantes hasta fechas bastante recientes en que estudios de historia con una perspectiva de género han tenido un desarrollo más importante.
A pesar de ese ocultamiento, existe un destacado papel de las mujeres, para reencontrarse, en las nuevas condiciones, con la verdadera historia de nuestra América del Sur. Hoy son las tristes jornadas de mayo de las mujeres docentes a la cabeza de las luchas por salarios dignos y por una mejor educación a lo largo y ancho del país, de las piqueteras que cortan rutas para sobrellevar la tristeza de no tener trabajo y no poder mantener a sus familias, de las jornaleras rurales, de las trabajadoras de las ciudades que no les alcanza para vivir, de las chacareras para no perder sus campos, de las médicas, poetas, profesionales, investigadoras, cocineras, enfermeras y de tantas otras ocupaciones que reclaman por su dignidad.
El mayo de tantos festejos que se sucedieron a lo largo y ancho de los pueblos liberados también por las mujeres porque “la causa de la revolución de la libertad tiene su asiento en todas partes” y fue también “contagio universal” porque las voces de las mujeres también se encargaron de ello.
Un destacado papel el de las mujeres, para reencontrarse, en las nuevas condiciones, con la inquietante historia de nuestra América del Sur, en la que quedan demasiados espacios en blanco que debieran escribirse recuperando el rol femenino en las revoluciones americanas.

Berta Wexler es Máster en Género y profesora especializada en Historia.
Graciela Sosa es profesora de Castellano, Literatura y Latín.

NOTAS
1 Monteagudo Bernardo. A las americanas del sur. La Gaceta, 20 de diciembre, 1811.
2 Ibidem.
3 Ibidem.
4 Ibidem.
5 Just Lleó Estanislao. Comienzo de la independencia en el Alto Perú. Los sucesos de Chuquisaca, 1809. Editorial Judicial, Sucre, Bolivia, 1994.
6 Ibidem.
7 Wexler Berta. Las mujeres de la reconquista. Revista Cuadernos Nº 22. Bs As, 2006.
8 Texto emitido por la Audiencia de Charcas el 25 de Mayo de 1809.
9 Wexler Berta. Juana Azurduy y las mujeres en la revolución Altoperuana. Hist. Regional. Dpto. Historia Villa Constitución. CEIM.UNR. Rosario, cuarta edición, 2006.
10 Wexler Berta, Aquellas mujeres encontraron un camino. Revista Cuaderno Nº 21. Bs As, 200.
11 Ibidem.
12 Ibidem.
13 Los jubones eran especie de chalecos al cuerpo, que los cosía, en uno de los barrios de La Paz.
14 Wexler Berta, ob. cit.
15 Bando del Cabildo. La Paz, julio, 1809.
16 Escritos del soldado Turpin a Belgrano.
17 Gantier, Joaquín. Doña Juana Azurduy La Paz, 1946.F. Universitaria.
18 Carta de Belgrano al Director Supremo, 26 de julio 1816.
19 Escritos del soldado Turpin a Belgrano.
20 Santos Vargas José. Diario de un comandante de la independencia americana. Trascripción, Gunnar Mendoza. Siglo XXI, Nuestra América, México, 1982.
21 Pichel Vera. La mujer en la emancipación. Todo es Historia N° 183.Buenos Aires, 1982.
22 Wexler Berta. Ob.cit.